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La cereza del café

Desde hace décadas se busca sacar el mejor provecho de todo lo que se cosecha directamente de la tierra, reciclar, reutilizar y consumir todo aquello que tenga alguna propiedad que genere ganancia o beneficio, en el caso del café su utilidad comienza desde que es una roja cereza aún en el arbusto.


La cereza del café, también llamada dupra, es el fruto del cafeto, el arbusto de donde proviene este maravilloso grano, que por muchísimo tiempo se le consideró un desecho y sólo la utilizaban los productores del campo como un fertilizante natural para los suelos.

Y es que ahora, que se conocen las propiedades de la cereza, se le da un proceso diferente para obtener sus beneficios, una vez recolectada se despulpa y se procede al secado o deshidratación sin agregados químicos, se hace de forma natural y orgánica, siempre buscando preservar su humedad, color y textura.

Una vez listo este proceso, la forma de consumirla es preparando una infusión con la cáscara seca de la cereza de café, obteniendo de la taza una excelente fuente de carbohidratos naturales, proteínas, taninos, potasio, azúcar, ácido clorogénico y con una pequeña carga de cafeína que hace de está infusión una excelente fuente de energía, con cualidades diuréticas y sobre todo, antioxidante.

Gracias a varios estudios científicos realizados a este pequeño fruto se pudo conocer que la propiedad más relevante de su biología es la antioxidante, llegando a ser hasta 500 veces superior a la vitamina C y que además tiene un componente llamado melanoidina por lo que también se le considera un potente antimicrobiano.

Definitivamente, el café es tan generoso que seguramente con el tiempo se seguirán descubriendo otros subproductos que ofrece este virtuoso arbusto que no deja de impresionar.

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